La Sierra Norte de Sevilla (Cazalla de la Sierra) posee un importante legado vinícola que se remonta a la época romana. Durante los siglos XV al XVII fue una de las principales zonas exportadoras de vino a América, recibiendo elogios de autores como Miguel de Cervantes o Baltasar de Alcázar, e incluso formando parte del banquete de bodas del emperador Carlos V con Isabel de Portugal.

La bodega actual (supuesta heredera de una cooperativa de 1925) fue fundada en 1998 por Elena Viguera y Julián Navarro, con el objetivo de recuperar esta tradición basándose en la ‘enología del terruño’. En el año 2020, la propiedad se vendió a la Familia Granados Royo (dueños de Instituto Español). Bajo la dirección técnica actual de María Ángeles Pérez, se ha acometido una importante inversión para reestructurar y modernizar las instalaciones con el objetivo de posicionar de nuevo los vinos de Cazalla en un lugar de prestigio.

Las viñas se asientan a más de 700 metros de altitud sobre suelos pizarrosos y calizos en lo que fue la Colonia 40 el Pago ‘Colonias de Galeón’. Se caracterizan por su cultivo ecológico en laderas aterrazadas, una fuerte oscilación térmica y alta insolación. En un entorno completamente natural rodeado de monte mediterráneo, cultivan castas internacionales y nacionales como Chardonnay, Viognier, Cabernet Franc, Syrah, Tempranillo, Garnacha, Merlot y Pinot Noir, entre otras.

Desde sus inicios, la bodega mantiene una filosofía de mínimo impacto ambiental, rechazo a productos químicos agresivos, y aunque disponen de riego por goteo, son muy cuidadosos con la optimización del agua contando con la certificación oficial de agricultura ecológica (C.A.A.E.).

Si María Ángeles y su equipo son exigentes y extremadamente cuidadosos con los trabajos en la viña, lo son aún más si cabe, con los Métodos de Elaboración y el trabajo en Bodega. Modernidad, mínima intervención y máxima precisión en sus elaboraciones es lo más destacable. Para ello han acondicionado la nave con todo tipo de medios, controles (humedad y temperatura), zonas separadas de recepción, cámara de enfriamiento, despalilladora, prensa, fermentación y crianza, tratando de utilizar en lo posible la gravedad como forma de movimiento del producto.

La bodega cuenta con depósitos de acero inoxidable de pequeñas dimensiones (máximo 5.000 litros), depósitos Flextank y un laboratorio propio para el control estricto de las fermentaciones.  En cuanto a la vinificación, María Ángeles busca intervenir lo justo para que la uva exprese el terruño. Los tintos fermentan con bazuqueos diarios, mientras que para los blancos se combinan métodos como la fermentación en barrica con battonages periódicos o el prensado de racimos enteros con crianza sobre lías.

Para la crianza emplean barricas de 225, 300 y 500 litros (nuevas y usadas) de roble francés, americano y acacia con tostados suaves, evitando que la madera eclipse la fruta y permita al vino expresarse y mostrar su calidad y el terruño de procedencia.

Realmente todas sus elaboraciones destacan por su alta calidad y singularidad y por nombrar alguna de ellas señalaría:  Silente Viognier: Blanco con crianza de 5-7 meses en roble francés; fresco, untuoso y complejo en nariz.  Silente Chardonnay: Monovarietal fermentado en roble y acacia con 6 meses de crianza sobre lías; elegante y de vibrante acidez.  Soplagaitas: El blanco «más rebelde», ensamblaje de Chardonnay y Viognier con fermentación en inoxidable y una brevísima crianza en madera.  Sobrepieles: Un vino «naranja» (orange wine) de Viognier fermentado con las pieles y criado en acacia; enérgico y con alma de tinto.  Pinchaperas: Tinto joven con sutil paso por madera (Syrah, Tempranillo, Garnacha); fácil de beber, frutal y goloso.  Colonia 40: Tinto con 12-14 meses de crianza; un ensamblaje clásico y contemporáneo que rinde homenaje a la porción original de tierra de la bodega.  Ermita del Monte: Tinto potente de capa alta, con una larga crianza de 13-16 meses en barrica y un año en botella; complejo y persistente.  Cantueso: Un elegante tinto muy singular, elaborado en depósitos Flextank mediante microoxigenación (sin madera), usando un coupage del 80% uva tinta y 20% uva blanca.  Marrurro: El «vino de autor» de la bodega, un monovarietal de Cabernet Franc con 15-18 meses de crianza en barrica nueva; profundo, complejo y de producción limitada.

Muy agradable la visita a esta bodega, así como entrañable y enriquecedoras las explicaciones y enseñanzas de María Ángeles, que ofrece una atención personalizada mostrando con pasión su amor por el campo y la profesión. No es de extrañar que en tan poco tiempo haya conseguido cosechar tantos éxitos con sus elaboraciones y sobre todo, reflotar y quitar los números rojos a una bodega tan singular como esta. MERECE LA PENA VISITARLA. Para ello organizan dos tipos de visitas (El Origen y El Cordero), con opción de combinar la cata con la gastronomía local (como un asado en el propio viñedo). Es imprescindible reservar previamente.

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