Los que me conocen ya saben de mi debilidad por esta familiar bodega, (ABEICA), de Ábalos (Rioja Alta), donde Don RICARDO FERNÁNDEZ, sus hijos y ahora ya también sus nietos, elaboran muy buenos vinos de forma tradicional y utilizando las ‘Maceraciones Carbónicas’ en sus procesos.

Aprovechando que ya solo me quedaba 1 botella del LONGRANDE Reserva-2014, he querido hacer una comparación con el también Reserva de 2016, para ir aprendiendo un poco y sacar mis propias conclusiones.
Ambos están elaborados con Maceración Carbónica y fermentaciones controladas con estabilización natural sin presentar posos. Buen roble americano de las crianzas que deja elegantes tostados y toques de vainilla que mejoran la fruta del vino sin ocultarla.
El Reserva-2014 presenta una capa alta para un color picota fuerte con ribetes oscuros. Todavía mantiene cierta frescura y buena fruta madura de fresa y seguramente el paso del tiempo ha potenciado los aromas de higos, (que como es una fruta que no me gusta nada, me desagrada un poco), aunque es cierto que luego en boca no lo noto. Seguramente también por el paso del tiempo en mi bodega, parece algo desequilibrado en la boca, y aunque ha perdido la calidez que tenía, aún mantiene cuerpo y buen retrogusto. Creo que es un vino que ya llegó a su techo y recomiendo al que todavía guarde alguna botella de esta añada 2014, que la abra y disfrute de ella cuanto antes.
El Reserva-2016 creo que está en su punto álgido. La entrada en boca igual es menos fresca, pero el final es sorprendente. Buena fruta roja y verde como la ciruela madura, con toques mentolados y muy buena vainilla. Potente retrogusto un tanto goloso y más sedoso que el Reserva-2014. Es el momento de disfrutar de este buen Reserva, (que, como todos los vinos de ABEICA, tiene una magnífica RCP) y a ser posible hacerlo en buena compañía. Eso sí, mejor si lo abres 1 hora antes de tomarlo.
